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domingo, 21 de septiembre de 2014

Abril, 2006


El 10 de abril del año 2006 en España, Sevilla, en la localidad de Dos Hermanas, Josué Monge García era un niño de tan solo 13 años que había decidido pasar la noche con un amigo del vecindario vecino. La casa de Josué y de su amigo estaban separadas por muy poca distancia y una vía de tren. El niño tomó su bicicleta y dejó su domicilio para aventurarse en una noche de diversión; pero lo que nadie sabía era que el pequeño Josuá no pasaría la noche en casa de su amigo y tampoco regresaría a la suya. Aquella tarde en la que tomó su bicicleta y su familia lo vio salir por la puerta, fue la ultima vez que se lo vio a Josué. Allí quedó el recuerdo de su última imagen.
En una primera instancia se manejó la hipótesis de que Josué había abandonado el hogar por motus propio dado que sus notas escolares no eran buenas y debería dar 8 asignaturas que estaban desaprobadas y quedaban pendientes. Pero esta hipótesis perdió fuerza y misterio se agudizó aún más cuando unos 13 días después de la desaparición, el padre de Josué, quien estaba completamente desesperado porque la investigación no arrojaba datos acerca del paradero de su hijo, tomó su camioneta blanca que pertenecía a la empresa a la que trabajaba y salió en busca de su pequeño. Y entonces Antonio Monge, padre de Josué, tampoco regresó a su casa y se lo notificó como



desaparecido. En un lapso de 13 días padre e hijo habían desaparecido en extrañas circunstancias.
Con el paso de los días, comenzó a saberse más acerca de cómo era el núcleo familiar de los Monge García. Se supo que la familia no estaba pasando por el mejor momento dado que el matrimonio estaba en pleno tramite de separación y divorcio. Por esa razón una nueva hipótesis se formó alegando que Antonio Monge habría matado a su propio hijo Josué y luego se habría quitado la vida. Frente a esta afirmación que tomaba más y más fuerza con el paso de los días, Maria Isabel García Chamizo, madre Josué y esposa de Antonio, declaró ante los medios:  “Conforme pasa el tiempo, la hipótesis que más fuerza tiene para la Policía es que mi marido mató a mi hijo y luego se quitó la vida. Yo estoy casi convencida, al 95%, de que mi hijo no está con vida, pero me quedan las esperanzas propias de una madre”. 
Nada se sabe aún en la actualidad acerca de Josué Monge y mucho menos de su padre.
Aún hoy siguen los interrogantes. Muchas son las preguntas y pocas las respuestas.
¿En dónde está Josué?

domingo, 23 de marzo de 2014

Marta Ofelia Stutz


Noviembre, 1938

Antes del medio día, del sábado 19 NOV 1938, a Marta Ofelia Stutz, “Martita” su mamá le había dado permiso para que fuera a comprar el Billiken en el quiosco de la esquina. Nunca regresó. Nadie la volvió a ver, ni viva ni muerta.
Martita tenía nueve años y vivía en el barrio San Martín de la ciudad de Córdoba. Los Stutz eran gente modesta.
Como Martita no volvía, la mamá comenzó a preocuparse. Fue hasta el quiosco. Llamaron por teléfono al padre, que estaba trabajando en las oficinas del Molino Centenera. La familia, junto con los vecinos, empezó a buscar a la niña por todos lados.
Al día siguiente, los titulares de los diarios de Córdoba salieron a la calle con un terrible anuncio: "Desaparece una niña misteriosamente". "Toda Córdoba busca a una nena. Podría ser un secuestro." Debajo, la foto de Martita.
La policía de Córdoba se puso a buscarla frenéticamente.
Por ese entonces en Argentina se habían producido varios secuestros que fueron conmoción entre la sociedad y la prensa. Y muchos esperaban que en cualquier momento los captores de Martita fueran a pedir rescate. Pero ese pedido nunca llegaba. Acorde pasaban los dias, el pedido se hacía esperar. Y de hecho, nunca llegó.
Al desvanecerse la hipótesis del secuestro extorsivo, quedaban dos posibilidades: venganza o crimen sexual.
La policía intentó reconstruir el posible itinerario de la niña. El quiosquero se llamaba Manuel Cardozo y era de confianza “Martita compró la revista, cruzó la avenida y se fue rumbo a su casa”, diría después. Cuadrillas policiales y efectivos del ejército rastrearon la ciudad en busca de pistas. Dragaron el fondo de La Cañada. Entraron en los viejos túneles que se abren en las barrancas del Río Primero. Allanaron viviendas, chozas, depósitos, comercios. No quedó en toda Córdoba ningún presunto delincuente, ningún vagabundo, ningún sospechoso sin investigar.
Los testigos que la policía convocaba decían cosas distintas. Domingo Flores, un peón de Obras Sanitarias que trabajaba en el lugar, la había visto a Martita alejándose de la mano de una mujer rubia con un vestido floreado. Dos niños, Huguito Giménez de 7 años, y Antonio Cobos de 12, se presentaron para contar que habían visto a alguien parecida a la niña en el camino a Pajas Blancas, donde hoy está el aeropuerto de Córdoba, que entonces era un siniestro descampado. Fue -decían los pequeños testigos- un rato después de la desaparición. Iba en una voiturette verde, con la capota blanca baja. Según Hugo, la niña viajaba con dos hombres; según Antonio, con "un hombre gordo".
La policía buscaba ahora a una mujer rubia y una voiturette verde. La policía descubrió una voiturette verde circulando no muy lejos del barrio. Detenido el conductor, resultó ser un hombre gordo llamado Domingo Sabattino, con antecedentes policiales por tráfico de licores sin estampillar. Sabattino siguió siendo sospechoso y pasó tres años preso. Finalmente, se determinó que nada tenía que ver con la desaparición de Martita.
Uno de los tantos investigados es un conductor de tranvías llamado José Bautista Barrientos, de 31 años, casado con una partera no diplomada, especialista en abortos y tiradora de cartas. En el patio de tierra de la casa que ocupaban los Barrientos, la policía encuentra tierra removida. Cavan y aparece un colchón con manchas que parecían de sangre. Barrientos complica a un vecino llamado Humberto Vidoni, propietario de un horno de ladrillo en las afueras de Córdoba. La policía anuncia que se recogieron cenizas en ese horno, y que las mismas se correspondían a las de una persona. Vidoni, interrogado en el Departamento de Policía de Córdoba, fue literalmente muerto a golpes: era una piltrafa cuando lo llevaron al hospital San Roque en estado comatoso, donde falleció el día de Navidad de 1938. La investigación se había cobrado ya una vida. Según se averiguó después, las cenizas no pertenecían a una niña, sino a una persona adulta. De todos modos, en medio de la desesperada búsqueda, a nadie se le ocurrió averiguar de quién era y cómo había llegado a ese horno.
La opinión pública, conmovida por la tragedia de los Stutz, pide a gritos que se encuentre a Martita, o al menos su cuerpo, y que se castigue a los culpables.
¿Podía ser la desaparición de Martita una venganza familiar? Se investigan a fondo los parientes de ambas ramas: los Stutz eran de Nueva Helvecia, Uruguay, y los Ceballos, apellido de la familia de la madre de Martita, de Villa María. No había conflictos ni situaciones irregulares.


Quedaba una sola hipótesis: el crimen sexual.
Los diarios de Buenos Aires dedican creciente espacio al caso. Crítica titula: "Como los antiguos caldeos, el juez Achával emplea la astrología para resolver un crimen". Se habían consultado a diversos rabdomantes y adivinos convocados para encontrarla.
El gobernador Amadeo Sabattini, enfrentado al gobierno conservador del presidente Roberto Ortiz, presiona a la policía para que resuelva el caso. Pero el resultado de esa presión es catastrófico. La pesquisa se vuelve incongruente y errática, orientada por las delaciones: llegaron a recibirse miles de denuncias anónimas. Mitómanos y exhibicionistas envenenaron la investigación con mentiras y ocultamientos.
Sus confesiones hicieron perder mucho tiempo y no condujeron a nada . La policía intentó una y otra vez probar esta hipótesis: los Barrientos, oscura pareja conformada por un confidente policial o mafioso de pacotilla y su celestinesca esposa, proveían menores para la diversión a ciertos personajes influyentes de la ciudad. Alguien, quizá los Barrientos solos o en ilícita asociación, habrían raptado a Martita con esos fines y ella "se les quedó", por lo que fue necesario "hacerla desparecer".


Pero faltaba alguien a quien acusar: "el monstruo". Entonces apareció en escena un perfecto candidato a culpable: un hombre que merodeaba por la ciudad, que conocía prostitutas, que estaba en contacto con figuras públicas. Así aparece en escena el Ing. Antonio Suárez Zavala, de familia aristócrata, casado, con dos hijos, padre de familia ejemplar, era representante de un laboratorio y recorría la ciudad abasteciendo farmacias. Quien introdujo en el caso a ese hombre – que no tenía antecedente alguno-, fue una tal María Rivadero, una prostituta de 17 años, huérfana que había sido madre soltera a los 13, internada en el asilo del Buen Pastor (en aquella época era la Cárcel de Mujeres), pero que salía para realizar tareas en el servicio doméstico. En realidad esta era sólo una excusa, porque a lo que en realidad se dedicaba era a “trabajar la calle”. Esto fue la que reveló la huérfana: -Una tarde yo estaba en casa de una señora C., escuché a un hombre llamado Suárez Zavala, amigo de la familia; decía que le gustaban las menores. -¿Qué menores? -Niñas de 9 o 10 años.



A María se le sumó otra prostituta, una veinteañera llamada Laura Fonseca, que tenía a Suárez Zavala como cliente habitual y remachó el caso afirmando que, poco antes de la desaparición de la Stutz, el tal Suárez Zavala le "pidió chicas". Así se construyó la figura de Suárez Zavala como "el Vampiro de Córdoba". La defensa consiguió demostrar que los Barrientos traficaban con los favores sexuales de menores, incluidas algunas internas del hospicio, pero Martita Ofelia Stutz no estaba entre ellas. Antonio Suárez Zavala tenía un coche que no era una voiturette, sino un sedán Chevrolet, con el que se paseaba por toda Córdoba, pero no a la caza de presas incautas, sino para vender remedios a las farmacias. Si bien al hombre no le disgustaba tirarse alguna cana al aire -y alguna de sus "amigas", como la Fonseca, lo traicionó acusándolo sin piedad- no era más que un señor casado y con hijos en busca de alguna distracción. Las amistades del sospechoso con algunos policías y políticos le jugaron en contra. Contribuyó a su desgracia la incontinencia verbal de que hizo gala. Suárez Zavala fue incomunicado y el juez le dictó la prisión preventiva. Nunca admitió ser el culpable, ni siquiera bajo tortura. Pero el juez Abalos elevó la causa a plenario acusando a Suárez Zavala por secuestro y homicidio y a los Barrientos por grave complicidad.
La esposa y los hijos del acusado lo acompañaron, pero la prensa lo lapidó, y estuvo muy cerca de ser linchado. De hecho, la policía apenas consiguió salvarlo de la multitud que llegó a pegarle y escupirle cuando, el 19 de diciembre, ingresó en los Tribunales para comparecer ante el juez. Sólo una cosa le salió bien a Suárez Zavala. Aceptó defenderlo uno de los mejores abogados argentinos: el doctor Deodoro Roca, nacido en 1890, redactor del Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, polemista vigoroso, antifascista visceral, progresista sin partido. Roca estaba convencido de que Suárez Zavala era un chivo expiatorio. A pesar de ser una figura muy respetada en Córdoba, una muchedumbre apedreó la casa de Deodoro, que, desalentado, renunció a la defensa. Pero una carta abierta que le envió la esposa de Suárez Zavala convenció al jurista para reasumir el cargo.
Desde muy distintas perspectivas, la desaparición de Martita fue considerada un símbolo de la decadencia política argentina: "Odiosa politiquería, infinitamente corrupta", y acusando a la "pasquinería" de oscurecer la investigación.
En abril de 1939 se cerró el sumario. Ni Suárez Zavala ni nadie pudo ser inculpado por homicidio, ya que al no hallarse los restos de Marta Ofelia Stutz no existía el cuerpo del delito. La acusación había sido por secuestro y proxenetismo. Suárez Zavala fue hallado culpable y condenado a 17 años de prisión. "Para ser culpable era poco y para ser inocente, mucho", se dijo sobre aquella sentencia que no conformó a nadie. El fallo del juez Wenceslao Achával fue apelado. Al emitir la sentencia definitiva, en enero de 1943, la Cámara del Crimen se dividió. El vocal Antonio de la Rúa consideró culpable a Suárez Zavala pero los otros dos camaristas, Alfredo Vélez Mariconde y Jorge Díaz, entendieron que las pruebas no bastaban para inculparlo. Por dos votos a uno se revocó el fallo de primera instancia: Antonio Suárez Zavala quedó en libertad. El acusado había estado cinco años en prisión. Cuando salió de la cárcel, se expatrió a Chile. ¿Qué fue de él? Se perdió en el anonimato. Otros crímenes y los infinitos vaivenes de una historia agitada hicieron que la tragedia de Martita Stutz fuera olvidada.
Un crimen que quedó impune. Una desaparición más que se sumó a la lista de desaparecidos en la República Argentina y en el mundo. Familias pobres, familias ricas, familias modestas... ninguna tiene por qué verse falta de justicia. Y mucho menos aún verse falta de un integrante de su familia.
Martita Ofelia quedó silenciada por los mismos de siempre, los amigos del poder. QEPD.

Taman Shud



   

Diciembre, 1948

El Caso Taman Shud, también conocido como el "Misterio del Hombre de Somerton", fue un crimen que no fue solucionado de hombre no identificado que fue encontrado muerto el 1 de diciembre de 1948 a las 06:30 de la mañana en la playa de Somerton, en la ciudad Australiana de Adelaida.
Considerado uno de los misterios más complejos de Australia, el caso fue tema de intensas especulaciones respecto a la identidad de la víctima, los eventos que llevaron su muerte y el que llevó a cabo el asesinato. A pesar de que las investigaciones estuvieron centradas en Australia, los misterios que envolvían el caso acabaron atrayendo la atención internacional y en distintas epocas de la historia, desde que se encontró el cuerpo hasta la actualidad.
Este hombre tenia apariencia "británica" y parecia tener entre cuarenta y cuarenta y cinco años de edad. Estaba en perfectas condiciones físicas. Media 1,80 metros de altura, con ojos color castaño-claro, cabello rubio y ligeramente grisáceo, hombros largos, cintura estrecha, manos y uñas sin señales de trabajo manual, con el primer y quinto dedo de los pies en forma triangular, como los de un bailarían o agricultor. Estaba vestido con una camisa blanca, corbata color rojo y azul, pantalón marrón, medias y zapatos, y, aunque el día y la noche estuvieran cálidos, un suéter tricotado marrón y una chaqueta marrón estilo europeo. Ninguna de sus prendas tenía etiquetas y no usaba sombrero, algo poco común en 1948, especialmente para alguien que vestía traje. No tenía cicatrices y no portaba documentación de identidad, lo que llevó a la policía a acreditar inicialmente que sería un caso de suicidio.
Cuando los policías llegaron al lugar del crimen, percibieron que el cuerpo no había sido perturbado y que el brazo izquierdo del hombre estaba en posición recta, y el derecho doblado. Un cigarrillo sin usar estaba atrás de su oreja, mientras que otro que había sido utilizado hasta la mitad estaba a la derecha de su chaqueta, alineado con su mejilla.
Testigos se presentaron para declarar que la noche del 30 de noviembre avistaron un individuo de apariencia similar parado en el mismo lugar, próximo a un Hogar para Niños Inválidos, donde el cuerpo fue posteriormente encontrado. Una pareja dijo que a las 07:00 de la noche vieron al hombre estirar todo el brazo derecho, y luego dejarlo caer lentamente. Otra pareja que lo vio entre las 19:30 y las 20:00 de la noche —tiempo en que las luces de la calle habían sido encendidas— contó que no lo vieron moverse durante la media hora en la que estuvieron a la vista de él, aunque tenían la impresión de que se había movido. Aunque habían comentado entre ellos que debía estar muerto porque no reaccionaba a las picaduras de los mosquitos, habían pensado que estaba borracho o dormido, y decidieron no investigar más a fondo.
Cuando el cuerpo fue descubierto a la mañana siguiente, permanecía en la misma posición observada por los testigos en la noche anterior.
Las cosas empezaron a ponerse tenebrosas cuando la policía notó que las etiquetas de toda la ropa de la víctima habían sido arrancadas. Con mucho esfuerzo pudieron determinar que el saco era de Estados Unidos... lo que complicó las cosas todavía más, porque sus registros dentales y huellas dactilares no coincidían con nadie que alguna vez haya vivido allí ... o en cualquier otro lugar del mundo. Era como si el hombre no hubiera existido nunca.
La fotografía del rostro del hombre fue publicada en un intento de que alguien lo reconociera. Hubo varios testigos que dijeron conocerlo, pero siempre se concluyó que se habían confundido de persona.
La última esperanza de que el misterio se resolviera eran los resultados de la autopsia. ¿Y qué dijo la misma? "Una salud excepcional, una empanada a medio digerir en el estómago, y una congestión en el cerebro y estómago que hubiese sido un claro indicio de envenenamiento... sino fuera porque no se encontraron ni rastros de veneno en el organismo.
El 14 de enero de 1949, una nueva vuelta de tuerca se dio en el caso cuando encontraron una valija marrón que se presume habría pertenecido al hombre en la estación de trenes de Adelaida. La valija y las ropas que contenía también tenían las etiquetas arrancadas. Ninguna otra información pudo ser obtenida a partir de ella.



Otro giro en el misterio, tal vez el más importante y al que le debe su nombre, fue cuando la policía encontró, seis meses después del hallazgo del cadáver, un bolsillo secreto en los pantalones del hombre. Adentro, sólo había un pedazo de papel enrollado con las palabras "Tamam Shud" impresas en él, que significan "terminado" o "finalizado". Los policías concluyeron que se trataba de un trozo arrancado de un libro. Cuando mandaron a analizar el mismo, descubrieron que pertenecía a una colección de poemas persas llamada "The Rubaiyat of Omar Khayyam".
Pero, como de costumbre, el descubrimiento sólo oscureció aún más las cosas. Los analistas descubrieron que el fragmento arrancado pertenecía a una edición muy rara del libro, ya que Edward FitzGerald, el traductor y compilador de los poemas, realizó dos revisiones posteriores, que fueron las más distribuidas.
Una vez más, la policía recurrió al público y publicó una foto del fragmento de papel descubierto. E increíblemente, dio resultado. Un hombre, que pidió la reserva de su identidad, presentó una copia de esa extraña edición del libro que encontró en el asiento trasero de su auto, el cual había dejado estacionado sin llave a pocos metros del lugar donde fue hallado el cadáver... ¡el 30 de noviembre de 1948! (sí, un día antes del hallazgo del muerto). Los policías revisaron la última página. Un pedazo había sido arrancado. Pericias de microscopio confirmaron que el fragmento encontrado en el bolsillo secreto coincidía con la página.
Pero los policías encontraron algo más en ese libro. y, como ya es costumbre en este caso, sólo aportó más confusión.
En la retiración de contratapa del libro habían sido escritas con lápiz cinco líneas de letras mayúsculas que no formaban ninguna palabra, de las cuales la segunda estaba tachada. Primero se pensó que se trataba de palabras extranjeras, pero luego se concluyó que era un código.
WRGOABABD
MLIAOI
WTBIMPANETP
MLIABOAIAQC
ITTMTSAMSTGAB

Un código cuyo patrón clave para descifrarlo aún no se ha encontrado al día de hoy, luego de pasar por agencias de inteligencia, matemáticos, astrólogos y criptólogos amateur. Todo esto llevó a pensar en un caso de espionaje, dado que la muerte ocurrió en los inicios de la Guerra Fría.
Cómo si un código indescifrable no fuera suficiente, en el reverso del libro también había un número de teléfono.
El teléfono pertenecía a una ex enfermera que vivía 400 metros al norte del lugar de hallazgo del cadáver. La mujer contó que, mientras trabajaba en un hospital de Sidney durante la Segunda Guerra Mundial, tenía una copia del libro The Rubaiyat, pero en 1945 se lo regaló a un teniente de la marina australiana llamado Alfred Boxall.
Cuando le mostraron una figura de cera hecha a partir del cadáver, la mujer dijo no conocerlo, aunque el detective a cargo anotó que "parecía estar a punto de desmayarse". También pidió que su identidad se mantuviera reservada, dado que "ahora era una mujer casada", lo que indica que tuvo algún affaire con Boxall.
La policía pensó que el cadáver pertenecía al tal Boxall pero lo encontraron y verificaron que tenía la copia intacta del Rubaiyat que le regaló la mujer, a quien se refería como "Jestyn".
Se cree que Jestyn conocía la identidad del hombre muerto, pero aún si esto fuera cierto se llevó su secreto a la tumba, dado que murió en 2007.
Poco se pudo hacer luego de este punto. El cadáver fue sepultado en 1949, la extraña copia del Rubaiyat con la palabra arrancada fue extraviada en 1950 y la valija fue destruida en 1986 dado que "ya no era necesaria".



Sin embargo, en 2009 un equipo de la Universidad de Adelaida se dedicó a investigar el caso. Sugirieron la posibilidad de un veneno indetectable en los cigarrillos del hombre. El código fue introducido en computadoras para rastrear algún tipo de patrón en los versos del libro en el que estaba escrito, pero se necesitaría una copia de la rara edición que se perdió en los años 50 para una aproximación exacta, y hasta ahora no se han encontrado más ejemplares de esta primera traducción.

Dos importantes descubrimientos se hicieron gracias al trabajo de este equipo de profesionales. El primero fue obra de Maciej Henneberg, Profesor de Anatomía de la Universidad de Adelaida, quien revisó fotos del cadáver y notó que tenía una extraña malformación en las orejas, presente en sólo un 1–2% de la población caucásica, lo cual podría ayudar a descubrir la identidad del hombre por medio de parientes con la misma condición.

A esto se sumó el hecho de que en mayo de 2009, el profesor Derek Abbott consultó con expertos dentales que concluyeron que el hombre encontrado tenía hypodontia, un raro desorden genético en los incisivos laterales, presente en el 2% de la población. Un año después, Abbott consiguió una fotografía del hijo de Jestyn: tanto sus orejas como sus dientes tenían las mismas malformaciones que las del cadáver. Las posibilidades de que esto sea una coincidencia se estiman en 1 en 20 millones.
Los investigadores suponen que el hijo de Jestyn, que tenía un año en 1948 y murió en 2009, puede haber sido un hijo ilegítimo que tuvo con el hombre muerto y que hizo pasar como hijo de su esposo. Un análisis de ADN sería de mucha ayuda, ya que limitaría las posibilidades. Sin embargo, en Octubre de 2011, el Ministro Público John Rau negó una exhumación del cuerpo indicando que "hace falta una razón de interés público que vaya más allá de la curiosidad de la gente o el interés científico para tal maniobra". 


El caso parece haber llegado al borde de una parcial conclusión cuando en 2011, una mujer contactó a Henneberg para comentarle que encontró entre las pertenencias de su padre una tarjeta de identificación perteneciente a un tal H.C. Reynolds, cuya foto era muy parecida a la del cadáver encontrado más de 60 años atrás.
Henneberg encontró similitudes anatómicas en la nariz, labios, ojos y, fundamentalmente, en las orejas. Pero el dato más contundente fue un lunar en la mejilla con la misma forma y ubicación que el que presentaba el muerto encontrado.
La tarjeta de identidad, numerada 58757, fue otorgada por los Estados Unidos el 28 de febrero de 1918 a H.C. Reynolds, certificándolo como ciudadano Británico de 18 años de edad. Los números cierran, dado que el cadáver pertenecía a un hombre de aproximadamente 40 años de edad.
No obstante, las búsquedas conducidas por los Archivos Nacionales de Estados Unidos, el Reino Unido y el Memorial de Guerra Australiano no encontraron registros de H.C. Reynolds. La policía australiana, que aún tiene el caso abierto, investiga la nueva información actualmente.

sábado, 22 de marzo de 2014

Mary Celeste



Diciembre, 1872


La desaparición de la tripulación del Mary Celeste (ocurrida alrededor del 5 de diciembre de 1872) constituye aún hoy uno de los misterios marítimos más célebres.

El 5 de noviembre de 1872 zarpó, con el capitán Benjamín S. Briggs al mando, desde el puerto de Nueva York. La tripulación consistía en siete hombres, además de la mujer y la hija de dos años del capitán. Transportaban 1.701 barriles de alcohol industrial hasta Génova, Italia.
Un mes después, exactamente el 5 de diciembre, hacia las tres de la tarde, la tripulación del Dei Gratia, un barco que navegaba desde Nueva York hasta Gibraltar, avistó el bergantín cerca de las Azores. El capitán de este barco, David Reed Morehouse, conocía a Briggs, por lo que, cuando estuvieron los dos barcos lo suficientemente cerca y leyó el nombre, Morehouse se temió lo peor, ya que de inmediato se dio cuenta de que no había nadie en cubierta. El capitán mandó a algunos de sus hombres al Mary Celeste, para registrarlo y ayudar en lo posible. Al llegar al barco, no encontraron a ninguno de los tripulantes ni a la familia Briggs. La ropa de unos y otros estaba ordenada en sus respectivos cajones; no encontraron el bote salvavidas, el sextante, el cronómetro ni la bitácora. El diario de navegación se encontraba en el cuarto del capitán; la última anotación era del día 24 de noviembre, pero no señalaba nada relevante. Según el diario, el tiempo había estado revuelto, pero ninguna otra circunstancia de gravedad.
Después de esta inspección, la tripulación del Dei Gratia decidió llevar el bergantín hasta Gibraltar, para allí examinarlo mejor y encontrar una respuesta al misterio. Al llegar a puerto, sometieron al capitán Morehouse a diversos interrogatorios, ya que incluso se especuló que podía haberse puesto de acuerdo con Briggs para simular su desaparición y obtener algún beneficio de las aseguradoras. Al no descubrirse nada significativo, Morehouse, libre de sospechas, recibió una recompensa de alrededor de 8.000 libras esterlinas por el rescate del bajel.
En la actualidad aún se sigue buscando una explicación para lo ocurrido. La teoría que los jueces declararon oficial, supone que, debido quizá a una fuga de gases del alcohol que se transportaba, el capitán pensó que una explosión o envenenamiento general iban a tener lugar, dando la orden de desalojar el barco inmediatamente.
Hay alguna otra, como la que sugiere que la tripulación se emborrachó con parte de la mercancía a bordo y que, enfurecidos, mataron al capitán Briggs, a su mujer y a su pequeña hija, para después huir en el bote salvavidas. Sin embargo esto resulta difícil de creer, ya que el consumo de alcohol del tipo industrial que portaban es mortal. Además, no se encontraron rastros de un posible motín, aparte de unas manchas rojas en cubierta, que más tarde se comprobaría que no era más que óxido (otras versiones afirman que sí podía tratarse de sangre, pero posiblemente procedente del pescado que se usaba para cocinar.) También se sostiene que los tripulantes y el capitán hicieron una borrachera masiva, empezaron a alucinar por la falta de agua y se lanzaron al mar con un solo bote salvavidas al creer ver sirenas.
Otras explicaciones son quiméricas, como la que sostiene que toda la tripulación pereció por la acción de alguna monstruosa criatura marina, quizá un calamar gigante (o kraken), o la que cuenta que una banda de piratas capturó pacíficamente a todos los tripulantes. Lo único sabido es que el capitán Briggs, su mujer, su hija Sofía de dos años y los siete marinos restantes, desaparecieron sin dejar rastro en la inmensidad del océano.
Otra teoría, más reciente, relaciona la desaparición de la tripulación del Mary Celeste con la aparición de varias personas muertas, en el interior de dos balsas, cerca de las costas asturianas seis meses después de los sucesos acaecidos al Mary Celeste, noticia que se publicó en el periódico El Imparcial en mayo de 1873. Esta teoría es defendida por el periodista Francisco García Novell.
De todas formas todas estas son teorias basadas en especulaciones e hipótesis de trabajo.
La desaparición de la tripulación del Mary Celeste es un misterio que probablemente siga siendo un misterio por los siglos de los siglos.

viernes, 21 de marzo de 2014

El niño pintor

Abril, 1987


El 6 de abril de 1987, David Guerrero Guevara, más conocido como el 'Niño Pintor de Málaga' entre el reducido círculo que frecuentaba las galerías de arte de la ciudad andaluza por su maestría a la hora de manejar los pinceles incluso antes de saber leer, desaparecería sin dejar rastro. 

Con tan solo 13 años de edad, un buen día David puso rumbo hacia la parada de autobús más cercana de su domicilio, situada a unos 150 metros de su casa, ubicada en la malagueña barriada de Huelin. Su padre tenía la intención de acompañarlo, pero un asunto laboral se lo impidió. David iba ilusionado y nervioso a la galería de arte La Maison, en Calle Duquesa de Parcent, donde ese mismo día se inauguraba una exposición titulada 'Recordando la Semana Santa', en la que estaba expuesta una obra suya dedicada al Cristo de la Buena Muerte. Pero aquel autobús nunca vería subir al 'niño pintor'. Su rastro se desvanecería en aquellos fatídicos 150 metros que separaban la puerta de su domicilio de la marquesina del autobús. 

Entrada la noche, sus padres denunciarían su desaparición. Lo hicieron cuando se alarmaron por la tardanza de David y se enteraron de que ni siquiera había llegado a la galería. ”El día que desapareció acababa de exponer su primer cuadro e iba a conceder su primera entrevista a la radio. Sólo la familia y los más conocidos sabíamos que pintaba tan bien. Nunca lo llevamos a ningún sitio para exhibirlo. Desde que tenía cinco años se tendía en el suelo del salón a pintar, igual que su hermano…” recuerda su madre.

Los investigadores del caso tomaron como primera hipótesis una fuga voluntaria del menor. Una suposición que venía dada por el hecho de que aquel día en Málaga, la Reina Doña Sofía se encontraba en la ciudad y el despliegue policial de uniforme y de paisano había tomado las principales calles del recorrido de la monarca, entre las que se encontraba la calle de David. Pero esta hipótesis de fuga voluntaria se desestimaría rápidamente, ya que muchas fuentes allegadas a la familia descartaron dicha posibilidad. "Es un chico plenamente dedicado a la pintura y con un círculo de amistades que se reduce a los compañeros de colegio", sostenían. Sus profesores lo corroboraban. "Es un chico muy equilibrado y, sobre todo, muy metódico", decían.

Seguidamente, las investigaciones se centraron en el mundo de la pintura de Málaga, debido al conocimiento que tenían muchos en la provincia del enorme talento del joven. Una teoría, la del secuestro por parte de algún miembro de este ambiente cultural, que pronto perdería fuerza. El rapto por motivos económicos también fue pronto descartado, ya que nunca se solicitó ningún tipo de rescate.


Un año después de su enigmática desaparición, en 1988, una pista, que a posteriori resultó ser falsa, situaba a David Guerrero en Lisboa (Portugal). En 1990 se comenzó a investigar a un ciudadano Suizo de 70 años de edad que estuvo en Málaga entre marzo y abril de 1987, y, que con toda probabilidad, contactó con el niño pintor, investigándose la posibilidad de que fuera trasladado a Suiza. Esta hipótesis tomó bastante fuerza, ya que uno de los últimos dibujos realizados por David era la caricatura de un hombre que reflejaba fielmente los rasgos del ciudadano suizo. Pero esta línea de investigación fue cerrada en enero de 1990 debido al fallecimiento del principal investigado. 


La ultima pista que se tuvo sobre David Guerrero Guevara se remonta a dos años atrás. Entonces, la Interpol siguió la pista de un chico que pintaba y con el que guardaba similitudes en Irlanda, pero desgraciadamente no era él. 

El paradero de David Guerrero sigue siendo a día de hoy un misterio para todo el mundo. Una desaparición que Interpol calificó como 'extrema', etiqueta que queda para los casos en los que no se tiene ni un solo indicio. Simplemente, 'el Niño PNintor' se esfumó. Igual que en la 'evaporación' del 'niño de Somosierra', las preguntas sobre este caso todavía siguen en el aire. ¿Se marchó David por propia voluntad?, ¿Desapareció, entonces, en la puerta de su casa?, ¿Le estaba alguien esperando?, ¿Fue engañado?, ¿Por qué nunca dio señales de su paradero?, ¿Se fue a Suiza?, ¿Alguien le hizo creer que sería su mecenas y lo captó? 

Hoy David Guerrero rozaría los 40 años de edad, pero su foto aún es la de un risueño niño de 13 años.