sábado, 22 de marzo de 2014

Jaycee Dugard


    Junio, 1991

  Jaycee Lee Dugard desapareció el 10 de junio de 1991, cuando tenía solo 11 años, en el camino de su casa a la escuela, en California. Algunos testigos vieron cómo dos desconocidos la raptaban en un coche. En 18 años, nadie certificó su muerte, pero su madre y su hermana comprendieron que la esperanza de encontrar a la joven se iba disipando. Según datos del Gobierno, cada año más de 110 niños norteamericanos son raptados por personas que abusan de ellos o, en ocasiones, los asesinan. Jaycee se convirtió en una estadística. Pero el 26 de agosto de 2009 su madre, Terry, recibió una llamada en el trabajo. Había soñado miles de veces con aquel momento pero no lo supo anticipar: "Mamá soy yo, estoy bien". Con los gritos de Terry en su oficina ("¡Es mi hija, la han encontrado!") se cerraban 18 años de esclavitud sexual, de miserias mal entendidas, que la joven Jaycee ha relatado en un libro de reciente publicación en Estados Unidos, titulado Una vida robada.

Su captor estaba en libertad condicional dado que tenia cargos por abuso sexual y bajo esta condición era visitado regularmente por agentes para controlar su "buen comportamiento". Incluso siendo así, este hombre logró esconder durante casi dos decadas a la, primero niña y luego mujer, Jaycee Dugard en un asentamiento con carpas y tiendas de campañas que habia formado en el fondo de su casa.

Aquella mañana de junio de 1991 Jaycee fue raptada cuando iba a la parada de autobús para ir a la escuela, en South Lake Tahoe. En el camino, Jaycee se vio rodeada por un coche con dos ocupantes. Eran el violador condenado Phillip Garrido y su mujer Nancy, de 60 y 56 años, respectivamente. El hombre la acorraló y la paralizó con una pistola de electrochoque. Se la llevó a su casa en Antioch, a 270 kilómetros del hogar de Jaycee. La tuvo durante semanas esposada, sin vestirla, sin dejarle duchar. "Lo único que podía hacer era esperar a que mi madre viniera y me salvara", recuerda.

Jaycee perdió cuenta de los días y las noches, sola. No sabía qué hacía en aquellahabitación. Phillip se limitaba a traerle comida y desaparecer, hasta que un día se quedó un poco más. Y luego abusó de ella.
Algo tan grotesco fue la primera experiencia sexual de Jaycee, que desde entonces se convertiría en un juguete a merced de Phillip Garrido, sin llegar a comprender si lo que le pasaba era normal o no. Un día el captor le dijo que comenzarían a tener "carreras". En esas "carreras", Phillip se drogaba, con metanfetamina y marihuana, y violaba a la niña horas y horas. Le explicó que tenía un problema sexual y que la única forma de ayudarle, y evitar que atacara a otras niñas, era ofrecerse sin reparos. La ataba a la pared. La hacía disfrazarse de prostituta. La obligaba a ver películas pornográficas. Era una esclava sexual.
Phillip manipuló a Jaycee para aparecer como un salvador ante ella, su única defensa contra un mundo en el que su familia la había olvidado y en el que solo habitaban pederastas y violadores. Lo supo hacer magistralmente: dándole alimento y agua; dándole, después de semanas, un cepillo de dientes; regalándole juegos y mascotas; siendo la única persona con la que hablaba. Era captor y protector, dueño y salvador. "Me parecía que tenía una respuesta a todo", dice Jaycee. "Yo era como un conejillo que se dejaba consolar por un león".
Pronto, Nancy, la esposa de Phillip, entraría en el mundo de Jaycee. Primero, como una presencia amenazante, celosa de la llegada de la nueva concubina. Luego como una falsa cómplice, cuando Phillip dejó de violar a Jaycee con tanta frecuencia. Los dos embarazos de la niña provocaron un progresivo descenso en la frecuencia de las violaciones. La primera hija nació en agosto de 1994, cuando su madre tenía 14 años. Hasta entonces, Jaycee no había sabido cómo se engendraban los niños. Sólo vio su vientre crecer. Pensó que estaba enferma. Hasta que sus captores le dijeron que tendría un bebé. Ambos la asistieron en el parto, dentro de la jaula que era su casa. Alumbraría otra niña en noviembre de 1997.
Después de más de casi dos décadas como una esclava, Jaycee se acostumbró a no cuestionar el mundo. Dependía de los Garrido y a la vez les detestaba secretamente. Phillip era el padre de sus hijas. "Se me manipuló para que pensara que el mundo exterior era un sitio terrible, y que el único lugar seguro para mis niñas era quedarme allí, con su padre", recuerda. Colaboró con sus captores para evitar ser vista por los agentes de policía que pasaban regularmente por la casa para controlar a Phillip. Llegó a conocer a la madre de su carcelero, Pat, a quien le dijo que era una vecina, de visita. Comenzó a salir a ferias, a la playa, de compras, a hacerse la manicura.
aycee no dijo nada a nadie ni trató de escapar porque durante lustros no había hablado con nadie más que con los dos depredadores. "No tenía una voz propia y no le grité al mundo que era yo, que era Jaycee, aunque lo anhelara", asegura. De hecho, en casi dos décadas de tortura, Jaycee perdió su nombre. Philip le ordenó que no lo escribiera, por si alguien la descubría. Pasados algunos años, ya con sus dos hijas, queriendo olvidar quién había sido, pidió a los captores que la llamaran Allissa.
Phillip, su violador, se confió con los años. Salía a la calle con ella. Llevaba a sus dos pequeñas hijas en breves excursiones. Le llegaron a acompañar a una reunión que mantuvo con policías de la Universidad de California en Berkeley, a quienes pidó que le autorizaran una conferencia en el campus. Esos agentes sabían que había sido condenado por violación. Alertados por la presencia de dos niñas tan pequeñas con un pederasta, avisaron a la oficina de libertad condicional en Concorde, que le citó en sus oficinas al día siguiente. Phillip llevó allí a Jaycee. Le pidió que dijera que era una amiga que había huido con sus dos hijas de un marido abusador y se estaba alojando con él. Pensaba que así la policía dejaría de rondarle.
Ella, al principio, mintió, para proteger a Phillip. Pero su nerviosismo y la poca diferencia de edad con sus propias hijas hicieron sospechar a los agentes. Los Garrido fueron arrestados y condenados. Él a 436 años de cárcel y ella, a 36. Antes, cuando los agentes le preguntaron a la víctima su nombre, esta no pudo pronunciarlo, después de dos décadas callándolo. Tuvo que escribirlo en un papel: Jaycee Lee Dugard. Entonces comenzó su regreso a casa.
Jaycee escribió un libro con sus memorias, digno de comprar y de leer, para que nadie olvide una historia como esta.

Mary Celeste



Diciembre, 1872


La desaparición de la tripulación del Mary Celeste (ocurrida alrededor del 5 de diciembre de 1872) constituye aún hoy uno de los misterios marítimos más célebres.

El 5 de noviembre de 1872 zarpó, con el capitán Benjamín S. Briggs al mando, desde el puerto de Nueva York. La tripulación consistía en siete hombres, además de la mujer y la hija de dos años del capitán. Transportaban 1.701 barriles de alcohol industrial hasta Génova, Italia.
Un mes después, exactamente el 5 de diciembre, hacia las tres de la tarde, la tripulación del Dei Gratia, un barco que navegaba desde Nueva York hasta Gibraltar, avistó el bergantín cerca de las Azores. El capitán de este barco, David Reed Morehouse, conocía a Briggs, por lo que, cuando estuvieron los dos barcos lo suficientemente cerca y leyó el nombre, Morehouse se temió lo peor, ya que de inmediato se dio cuenta de que no había nadie en cubierta. El capitán mandó a algunos de sus hombres al Mary Celeste, para registrarlo y ayudar en lo posible. Al llegar al barco, no encontraron a ninguno de los tripulantes ni a la familia Briggs. La ropa de unos y otros estaba ordenada en sus respectivos cajones; no encontraron el bote salvavidas, el sextante, el cronómetro ni la bitácora. El diario de navegación se encontraba en el cuarto del capitán; la última anotación era del día 24 de noviembre, pero no señalaba nada relevante. Según el diario, el tiempo había estado revuelto, pero ninguna otra circunstancia de gravedad.
Después de esta inspección, la tripulación del Dei Gratia decidió llevar el bergantín hasta Gibraltar, para allí examinarlo mejor y encontrar una respuesta al misterio. Al llegar a puerto, sometieron al capitán Morehouse a diversos interrogatorios, ya que incluso se especuló que podía haberse puesto de acuerdo con Briggs para simular su desaparición y obtener algún beneficio de las aseguradoras. Al no descubrirse nada significativo, Morehouse, libre de sospechas, recibió una recompensa de alrededor de 8.000 libras esterlinas por el rescate del bajel.
En la actualidad aún se sigue buscando una explicación para lo ocurrido. La teoría que los jueces declararon oficial, supone que, debido quizá a una fuga de gases del alcohol que se transportaba, el capitán pensó que una explosión o envenenamiento general iban a tener lugar, dando la orden de desalojar el barco inmediatamente.
Hay alguna otra, como la que sugiere que la tripulación se emborrachó con parte de la mercancía a bordo y que, enfurecidos, mataron al capitán Briggs, a su mujer y a su pequeña hija, para después huir en el bote salvavidas. Sin embargo esto resulta difícil de creer, ya que el consumo de alcohol del tipo industrial que portaban es mortal. Además, no se encontraron rastros de un posible motín, aparte de unas manchas rojas en cubierta, que más tarde se comprobaría que no era más que óxido (otras versiones afirman que sí podía tratarse de sangre, pero posiblemente procedente del pescado que se usaba para cocinar.) También se sostiene que los tripulantes y el capitán hicieron una borrachera masiva, empezaron a alucinar por la falta de agua y se lanzaron al mar con un solo bote salvavidas al creer ver sirenas.
Otras explicaciones son quiméricas, como la que sostiene que toda la tripulación pereció por la acción de alguna monstruosa criatura marina, quizá un calamar gigante (o kraken), o la que cuenta que una banda de piratas capturó pacíficamente a todos los tripulantes. Lo único sabido es que el capitán Briggs, su mujer, su hija Sofía de dos años y los siete marinos restantes, desaparecieron sin dejar rastro en la inmensidad del océano.
Otra teoría, más reciente, relaciona la desaparición de la tripulación del Mary Celeste con la aparición de varias personas muertas, en el interior de dos balsas, cerca de las costas asturianas seis meses después de los sucesos acaecidos al Mary Celeste, noticia que se publicó en el periódico El Imparcial en mayo de 1873. Esta teoría es defendida por el periodista Francisco García Novell.
De todas formas todas estas son teorias basadas en especulaciones e hipótesis de trabajo.
La desaparición de la tripulación del Mary Celeste es un misterio que probablemente siga siendo un misterio por los siglos de los siglos.

Familia Gill




Enero, 2002

El 13 de Enero del año 2002, en una localidad cercana a Nogoyá, Provincia de Entre Ríos, todo el pueblo asistía al velatorio de Máximo Vega, un vecino de aquellas tierras. Entre todos los asistentes estaba la familia Gill, compuesta por José Mencho Gill (56 años), su mujer Norma Margarita Gallego (26) y sus cuatro hijos: Maria Ofelia (12), Osvaldo José (9), Sofía Margarita (6) y Carlos Daniel (3). Allí numerosos testigos afirman haber visto a la familia completa en la celebración de dicho funeral.

Esa fue la última vez que se vió a la familia Gill. A partir de ese entonces desaparecieron por completo, como si la tierra se los hubiese tragado, sin dejar rastros, huellas, indicios de nada.

A partir del 14 de enero de 2002 no hubo rastros ni indicios concretos que hayan permitido encaminar la búsqueda con algún viso de efectividad, a pesar de que tomaron intervención en la búsqueda la Policía de la Provincia de Entre Ríos, Policía Federal, Gendarmería Nacional e Interpol; y también se solicitó la ayuda de los Servicios de Inteligencia del Estado (SIDE).

La familia vivia en una Estancia llamada La Candelaria en donde el hombre realizaba las tareas del campo. En un principio se hicieron rastrillajes en el campo dado que una de las hipótesis era que el dueño de la estancia podría estar implicado. Pero cada uno de los rastrillajes, fue en vano.

Algunos años mas tarde, luego de incansable busqueda e investigación, se plantearon varias hipótesis para trabajar en diferentes campos y ampliar la búsqueda. Pero todas esas hipótesis, en las cuales se sigue trabajando actualmente, son creadas a partir de suposicipnes, ya que, cabe repetir, la familia no dejó ni un solo rastro, nadie los ha visto y no hay indicios de que se hubiesen escapado de algo.

La peor hipótesis es el desenlace fatal. Y esto se debe unicamente al tiempo que ha pasado desde la desaparicion y la falta de comunicación asi como la falta de indicios.

Otra hipótesis es que la familia completa haya sido secuestrada y privada de su libertad con fines de explotación. Eso podría haberse desarrollado en tierras argentinas o bien en algun país limítrofe. Aunque no se descarta se cree que es dificil que una familia entera sea secuestrada de esa forma y que no haya testigos ni indicios.

Durante la investigación se realizó una pericia psicológica a la familia. Con eso se descartaron algunas hipótesis dado que se descubrió que no pertenecian a ninguna secta ni tampoco a ninguna religión. También se supo que la José Mencho Gill, cabeza de familia, no tenía ninguna deduda monetaria ni estaba siendo amenazado por nada
.

Un dato que sí llamó la atención fue que mucha gente lo describió como una persona sensilla, alegre y siempre de buen humor. Pero que en los últimos días, quizas semanas, antes de desaparecer se lo vio callado y preocupado. Pero esa ultima información podría no estimarse dado que en casos como estos las especulaciones surgen inesperadamente.

Nada se sabe de este matrimonio y sus cuatro hijos. Y cada Enero, en Argentina se publica la misma noticia: "A X años de la desaparición de la familia Gill, aun no hay indicios". Es uno de los casos de los que pocos hablan pero que nadie puede dejar de olvidar. Un misterio inolvidable.

Aqui un link con un resumen de la investigación y otros testimonios del sitio web del Ministerio de Justicia de La Nación: Argentina http://www.infojusnoticias.gov.ar/provinciales/la-familia-desaparecida-doce-anos-despues-nadie-sabe-nada-de-los-gill-1164.html

viernes, 21 de marzo de 2014

El niño pintor

Abril, 1987


El 6 de abril de 1987, David Guerrero Guevara, más conocido como el 'Niño Pintor de Málaga' entre el reducido círculo que frecuentaba las galerías de arte de la ciudad andaluza por su maestría a la hora de manejar los pinceles incluso antes de saber leer, desaparecería sin dejar rastro. 

Con tan solo 13 años de edad, un buen día David puso rumbo hacia la parada de autobús más cercana de su domicilio, situada a unos 150 metros de su casa, ubicada en la malagueña barriada de Huelin. Su padre tenía la intención de acompañarlo, pero un asunto laboral se lo impidió. David iba ilusionado y nervioso a la galería de arte La Maison, en Calle Duquesa de Parcent, donde ese mismo día se inauguraba una exposición titulada 'Recordando la Semana Santa', en la que estaba expuesta una obra suya dedicada al Cristo de la Buena Muerte. Pero aquel autobús nunca vería subir al 'niño pintor'. Su rastro se desvanecería en aquellos fatídicos 150 metros que separaban la puerta de su domicilio de la marquesina del autobús. 

Entrada la noche, sus padres denunciarían su desaparición. Lo hicieron cuando se alarmaron por la tardanza de David y se enteraron de que ni siquiera había llegado a la galería. ”El día que desapareció acababa de exponer su primer cuadro e iba a conceder su primera entrevista a la radio. Sólo la familia y los más conocidos sabíamos que pintaba tan bien. Nunca lo llevamos a ningún sitio para exhibirlo. Desde que tenía cinco años se tendía en el suelo del salón a pintar, igual que su hermano…” recuerda su madre.

Los investigadores del caso tomaron como primera hipótesis una fuga voluntaria del menor. Una suposición que venía dada por el hecho de que aquel día en Málaga, la Reina Doña Sofía se encontraba en la ciudad y el despliegue policial de uniforme y de paisano había tomado las principales calles del recorrido de la monarca, entre las que se encontraba la calle de David. Pero esta hipótesis de fuga voluntaria se desestimaría rápidamente, ya que muchas fuentes allegadas a la familia descartaron dicha posibilidad. "Es un chico plenamente dedicado a la pintura y con un círculo de amistades que se reduce a los compañeros de colegio", sostenían. Sus profesores lo corroboraban. "Es un chico muy equilibrado y, sobre todo, muy metódico", decían.

Seguidamente, las investigaciones se centraron en el mundo de la pintura de Málaga, debido al conocimiento que tenían muchos en la provincia del enorme talento del joven. Una teoría, la del secuestro por parte de algún miembro de este ambiente cultural, que pronto perdería fuerza. El rapto por motivos económicos también fue pronto descartado, ya que nunca se solicitó ningún tipo de rescate.


Un año después de su enigmática desaparición, en 1988, una pista, que a posteriori resultó ser falsa, situaba a David Guerrero en Lisboa (Portugal). En 1990 se comenzó a investigar a un ciudadano Suizo de 70 años de edad que estuvo en Málaga entre marzo y abril de 1987, y, que con toda probabilidad, contactó con el niño pintor, investigándose la posibilidad de que fuera trasladado a Suiza. Esta hipótesis tomó bastante fuerza, ya que uno de los últimos dibujos realizados por David era la caricatura de un hombre que reflejaba fielmente los rasgos del ciudadano suizo. Pero esta línea de investigación fue cerrada en enero de 1990 debido al fallecimiento del principal investigado. 


La ultima pista que se tuvo sobre David Guerrero Guevara se remonta a dos años atrás. Entonces, la Interpol siguió la pista de un chico que pintaba y con el que guardaba similitudes en Irlanda, pero desgraciadamente no era él. 

El paradero de David Guerrero sigue siendo a día de hoy un misterio para todo el mundo. Una desaparición que Interpol calificó como 'extrema', etiqueta que queda para los casos en los que no se tiene ni un solo indicio. Simplemente, 'el Niño PNintor' se esfumó. Igual que en la 'evaporación' del 'niño de Somosierra', las preguntas sobre este caso todavía siguen en el aire. ¿Se marchó David por propia voluntad?, ¿Desapareció, entonces, en la puerta de su casa?, ¿Le estaba alguien esperando?, ¿Fue engañado?, ¿Por qué nunca dio señales de su paradero?, ¿Se fue a Suiza?, ¿Alguien le hizo creer que sería su mecenas y lo captó? 

Hoy David Guerrero rozaría los 40 años de edad, pero su foto aún es la de un risueño niño de 13 años.

El niño de Somosierra

Junio, 1986

       Durante la noche de San Juan de 1986, se produjo la desaparición más enigmática acaecida hasta la fecha en España. La desaparición de un niño de 10 años, tragado por la nada, después de un impresionante accidente de tráfico entre las provincias de Madrid y Segovia, concretamente a la altura de Somosierra. Un camión Volvo F-12, dispuesto a transportar una cisterna con 20.000 litros de ácido sulfúrico óleum, dispuso su marcha desde la localidad murciana de Las Cánovas hasta Bilbao, para desembarcar su mercancía en una empresa petroquímica. Al volante, el conductor profesional Andrés Martínez, al que acompañaban su esposa, Carmen Gómez, y el hijo de éstos, Juan Pedro Martínez Gómez. El Volvo F-12 repostó en la venta del Olivo, muy próximo a la localidad murciana de Cieza, y emprendió la marcha hasta la localidad de Las Pedroñeras, en Cuenca. A las 0:12 horas, la familia fue vista por el personal de la gasolinera. Después de echar una cabezada en una zona de descanso, volvieron a la carretera nacional 301 hasta Madrid. A las 5:30 de la madrugada, realizaron su última parada. El lugar elegido fue el mesón Aragón, en el término de Cabanillas, a pie del puerto de Somosierra. A partir de ahí empieza el enigma. El camión cisterna alcanza los 140 Km/h sin motivo aparente y en una de las variantes de la carretera nacional I, derrapó chocando frontalmente con otro vehículo de gran tonelaje. El camión se sale de la calzada y procede a impactar contra una hilera de vehículos que circulaban detrás. El Volvo F-12 se estrella posteriormente contra un árbol y se produce una brecha considerable en la cisterna, ésta acaba por desquebrajarse del todo y la totalidad del ácido es esparcido por toda la carretera, con el consiguiente caos circulatorio. La Guardia Civil después de presentarse en el lugar de los hechos y desviar el tráfico, comprueba la cabina del Volvo F-12 totalmente destrozada y dos ocupantes calcinados entre un gran amasijo de hierros. Estas personas, según los informes, son Andrés Martínez y su esposa, Carmen Gómez. La noticia saltó pronto a los medios de comunicación de todo el país. Hasta ese momento nadie conocía la existencia de un tercer pasajero. Pero fueron los abuelos del chico, desde su domicilio de Las Cánovas y tras presenciar el trágico suceso en las noticias, quienes se pusieron en contacto con los Cuerpos de Seguridad del Estado. La pregunta era clara: “¿Dónde está nuestro nieto? El nombre de Juan Pedro Martínez Gómez corrió como la pólvora en boca de todos. Había un tercer ocupante de aquel siniestro Volvo F-12. Un chico de 10 años y del que no se encontraban ni rastro por aquella zona. Sólo una goma de la zapatilla que según creen, llevaba el jovencísimo Juan Pedro en aquel desafortunado viaje. Hacia las nueve de la noche, el cuerpo de bomberos abre la cabina del camión para encontrar alguna pista del niño, pero no logran dar con ninguna pesquisa que les pueda llevar hasta el crío. Al mismo tiempo, el ácido continuaba fluyendo por la carretera y sus proximidades, con la amenaza de alcanzar las aguas de los afluentes del río Duratón. Al día siguiente la noticia era portada en toda la prensa del país, y casi todas con el mismo titular: “Alarma en Somosierra”. El caso de Juan Pedro Martínez, es uno de esos misterios que a día de hoy y por más que pasan los años, no se encuentra una explicación. Se peinó toda la zona, se buscó por toda la cabina alguna mínima pista, se repartieron miles de carteles con la foto de aquel niño vestido de comunión, e incluso se experimentó con el ácido para comprobar si éste fue el causante de una hipotética disolución, a lo que los expertos negaron, puesto que según esas investigaciones, para que eso ocurra, el cuerpo debería haber sido expuesto a una bañera artificial formada principalmente por los amasijos de hierro de la cabina y que el fluido de ácido hubiese sido renovado constantemente, cosa que no ocurrió, y aun siendo así habría restos orgánicos en los fluidos de ácido. Tras las primeras investigaciones de la Guardia Civil al llegar al lugar del accidente, se encontró en la cabina del camión de Andrés Martínez, el tacógrafo, el cual deja constancia de las paradas como de las aceleraciones cometidas por el vehículo, es decir, la caja negra del camión. En él se registro un cambio brusco de velocidad sin motivo aparente, llegando a los 140 km/h, dato al que nunca encontraron explicación alguna de por qué esa brusca aceleración. Otro de los detalles, es la observación de una furgoneta blanca, tipo Nissan Vanette, delante del camión kilómetros antes de llegar al lugar de los hechos y a gran velocidad, según algunos testigos. Pero el relato más curioso y enigmático del caso, es el de dos pastores de la zona, que fueron testigos del accidente y que así se lo hicieron saber a las autoridades. Estos dos vecinos de la zona atestiguaron que inmediatamente después del accidente y aprovechando la confusión y el caos propio del suceso, observaron a dos individuos de una altura considerable, de tez blanquecina y engullidos en unas batas blancas que les llegaban hasta los tobillos, sacar de la cabina del camión y posteriormente llevarse un gran bulto. De ser cierto, ¿quienes eran aquellos individuos? ¿Era ese gran bulto, Juan Pedro Martínez? Posteriormente también se recibieron numerosas llamadas que afirmaban haber visto a Juan Pedro Martínez en diferentes puntos de la geografía nacional, sobre todo en Bilbao, donde se aseguraban que el “niño de Somosierra” vagaba deambulando por una zona industrial de la capital vasca. Posteriormente las investigaciones de la policía desecharon esos testimonios al no encontrar ninguna prueba de ello. Han pasado muchos años, ha llovido mucho desde entonces, han corrido ríos de tinta sobre este conmovedor suceso y sobre todo muchas, muchísimas investigaciones, y todavía nos hacemos la misma pregunta que aquella noche de San Juan de 1986... ¿Qué fue de Juan Pedro Martínez Gómez, “el niño de Somosierra?


Oliver Thomas


Diciembre, 1909


El 24 de diciembre de 1909 la familia Thomas se preparaba para disfrutar un año más de una entrañable celebración. Durante todo el día los miembros de esta familia de granjeros del pequeño pueblo de Brecon, situado en Gales (Reino Unido), habían estado preparando la gran fiesta que, como cada año, reuniría a la familia y a varios amigos y vecinos. Todo parecía ideal para disfrutar de una noche de alegría en la que el espíritu de la Navidad lo impregnaba todo. Incluso el clima parecía querer unirse a la celebración, pues acababa de nevar y el campo estaba cubierto con una capa de nieve que convertía el paisaje en una postal. Al comenzar la cena todo era perfecto.


El guiso de la señora Thomas impregnaba el ambiente con un olor apetitoso, demostrando una vez más que era una excelente cocinera. Los niños jugaban y esperaban el momento de los regalos y los mayores conversaban animadamente. Nada hacía presagiar que algo acechaba a aquella gente, que el misterio se iba a materializar de forma trágica rompiendo para siempre la familia.

Gritos de socorro
La velada fue avanzando en medio de una conversación agradable. El cabeza de familia, Owen Thomas, era un excelente anfitrión, como había demostrado en anteriores ocasiones, y de su hospitalidad disfrutaban esa noche el comisario del pueblo, el veterinario y el pastor de una localidad vecina, todos acompañados de sus familias. En total eran quince personas. La fiesta avanzaba y la señora Thomas se percató de que se estaba acabando el agua. No había problema, a apenas unos metros de distancia de la casa tenían un pozo y solo había que ir con un cubo a sacar un poco de agua. Como los mayores estaban en medio de una agradable charla, decidió pedir a su hijo Oliver que saliese un momento a buscar agua al pozo. Una decisión que la pobre mujer lamentaría toda su vida. Oliver tenía once años, había ido en multitud de ocasiones a por agua al pozo y no le importaba demasiado dejar durante unos instantes el cálido ambiente que proporcionaba el hogar encendido. Afuera hacía frío, pero había acabado de nevar y se veían ya las primeras estrellas. El niño se calzó unas pesadas botas y, protegido con una bufanda que amorosamente le había colocado su madre, salió resuelto con un balde en la mano. Solo habían pasado unos instantes –después dirían los que se quedaron en la casa que apenas fueron diez segundos– cuando todos se estremecieron al oír un alarido del pequeño. Fue un grito penetrante, más que nada de sorpresa, que inmediatamente después fue seguido por llamadas de auxilio.



“¡Socorro, se me llevan!”, llegó a decir Oliver. Todos los presentes salieron corriendo hacia la puerta. Owen Thomas cogió su fusil, que colgaba de la chimenea, mientras exclamaba: “¡Un lobo!”. ¿Era posible que ese gran depredador hubiese atacado al muchacho? El veterinario, el pastor, otro granjero invitado… todos salieron portando armas, palos y una linterna. Pero en el exterior no estaba el pequeño, no había nadie. Pudieron seguir el rastro que el niño había dejado en la nieve: unas pisadas que se interrumpían bruscamente, como si hubiese desaparecido sin dejar rastro o algo lo hubiese alzado para llevárselo volando. Durante unos segundos, que parecieron eternos, cundió el desconcierto, pero aún quedaba algo que les helaría la sangre. Todos pudieron escuchar claramente de nuevo los gritos de Oliver, que, para sorpresa general, venían de encima de sus cabezas: “¡Socorro, me han cogido! ¡Socorro!”, le oyeron gritar. Todos los que lo estaban buscando quedaron anonadados. Miraban hacia el negro cielo, pero no eran capaces de ver nada. Ninguna pista, ningún indicio que les mostrase dónde se encontraba el niño y qué era lo que le estaba llevando hacia el cielo. Pidieron al chico que les indicase dónde estaba, pero el pequeño Oliver ya no dijo nada coherente, solo chillaba. Unos gritos de terror que pudieron oír durante casi un minuto los desesperados familiares y amigos, un tiempo eterno de impotencia en el que, para su desconsuelo, la voz del pequeño se fue volviendo cada vez más tenue, como si fuese subiendo y estuviese cada vez más lejos. Algo incomprensible había sucedido. Alguien había arrancado a Oliver del suelo y se lo había llevado volando. Aun después de la desaparición, y en medio del desconcierto, varios de los asistentes siguieron buscando con la lámpara alguna pista. Pudieron constatar que las huellas del muchacho sobre la nieve parecían normales, pero se interrumpían bruscamente a unos 20 m de la casa. A 2 m de las últimas huellas se encontraba el cubo, como si el niño lo hubiese soltado desde una cierta altura. El resto de la noche siguieron dando vueltas, llamándolo, intentando descubrir entre las tinieblas alguna pista que explicase el suceso.

Hipótesis descartadas
Al amanecer llegaron unos policías de Brecon, que registraron con detalle toda la casa, los alrededores y el pozo, al que bajaron. Pero no encontraron ninguna pista, nada que pudiese explicar qué le había pasado al pequeño y, sobre todo, dónde estaba. La única explicación que parecía plausible era que algo se lo había llevado volando. Pero ¿qué ave hay en el País de Gales capaz de levantar el vuelo con un niño de 11 años entre sus garras? Ninguna, ni la mayor águila podría hacerlo. Los aviones también quedan descartados, pues en 1909 la aviación todavía estaba poco desarrollada y, sobre todo, el ruido del motor sería claramente reconocible. Un silencioso planeador tampoco parece ser la solución, pues la ausencia de un sonido que le delatase no evitaría la posibilidad de maniobrar para capturar al niño y levantar el vuelo permaneciendo casi un minuto encima de la casa. Un globo habría sido difícil de maniobrar y, además, habría sido visto a la luz de las estrellas que brillaban en el firmamento.
El caso del pequeño Oliver, secuestrado por algo que bajó del cielo en la Nochebuena, quedó finalmente archivado como pendiente de solución. Es uno más de los que están a la espera de ser resueltos, algo en lo que casi un siglo después muy pocos confían. La gran cantidad de testigos, entre los que se encontraban personas de reconocida reputación, permite descartar que la extraña historia de la desaparición del niño fuese algún tipo de engaño, una mentira urdida para ocultar tal vez algún crimen. La falta de una solución al misterio de la desaparición de Oliver Thomas no evitó que en los años siguientes los niños de aquella zona viviesen la víspera de la Navidad con una mezcla de sentimientos contrapuestos. Era una fiesta de alegría, con regalos para los pequeños, pero sabían que algo inexplicable se había llevado volando al pobre Oliver. Tal vez algo había bajado del cielo, pero en lugar de traerle regalos se lo había llevado para nunca volver a ser visto. “Santa Claus es bueno y trae regalos, pero ¿existe algún ser malo que viene volando en la Nochebuena para llevarse a niños?”, preguntaban los pequeños de la zona a sus padres. “No, hijo –les respondían estos–, solo hay un anciano bondadoso que llega con regalos en un trineo tirado por renos mágicos.” Pero por las noches, sobre todo durante la víspera de la Navidad, los padres que pronunciaban estas tranquilizadoras palabras no perdían de vista a sus hijos en ningún momento. Sabían que si algo inexplicable se había dado cita una Nochebuena, podría volver a por otro niño.

Ave gigante o monstruo de otra dimensión
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Durante casi cien años han sido muchos los intentos de explicar lo que le ocurrió a Oliver Thomas. Desde un primer momento se barajó la posibilidad de que lo capturase algún tipo de pájaro. En 1977 muchos se acordaron de este misterioso caso después de que se conociese el ataque de dos misteriosas aves negras a un niño de diez años llamado Marlon Lowe. El suceso tuvo lugar en Michigan (EE.UU) y no acabó trágicamente porque su madre intervino rápidamente y arrebató a su hijo de las garras de los animales cuando ya se estaban llevando por el aire al pequeño. Casos similares han ocurrido en diversos lugares del mundo y en buena parte continúan siendo un misterio, pues según los testigos no se trata de aves conocidas. En ocasiones se ha especulado que podría tratarse de algún superviviente de los teratórnidos, unos parientes del cóndor de los Andes que vivieron hasta hace unos 10.000 años en Norteamérica. Pero esas especies no se conocen en Europa. A veces las descripciones de las criaturas son aún mas extrañas, pues parecen reptiles alados como los que vivían en la época de los dinosaurios. Otra hipótesis recuerda que, según diversas tradiciones, durante momentos determinados del año, como la víspera de Navidad, de Todos los Santos o de San Juan, los límites de nuestro mundo parecen quedar mas difusos, siendo posible que salten hasta nuestra realidad entidades que normalmente no viven entre nosotros. Entidades que forman parte del mundo de monstruos como el chupacabras, el diablo de Jersey o el demonio de Dover y que han sido vistas en diversas ocasiones y lugares.

Elisa Lam


Enero, 2013

El 31 de enero de 2013 fue la ultima vez que se vio con vida a Elisa Lam, de 21 años y originaria de Vancouver, Canada. Era estudiante en la Universidad de British Columbia y se hospedaba en el Hotel Cecil de Los Ángeles, California. Un vídeo donde aparece el día de su desaparición aún con vida intentando utilizar el ascensor del hotel se ha convertido en todo un fenomeno en la red, sobre todo, por el extraño comportamiento que Elisa muestra en las imágenes; se le ve como desesperada, intentado escapar de alguien que en ningún momento aparece en el vídeo, incluso en un instante se ve como si Elisa estuviera hablando con alguien y le hiciera señas con las manos.

Hay quienes dicen que es una clara manifestación de psicosis, otros que pareciera estar bajo el efecto de alguna droga; en otros casos, se ha dicho que la chica estaba siendo atacada por una entidad sobrenatural. Pero el misterio no acaba aquí, a esto le siguen las extrañas circunstancias en las que fue encontrado el cadáver de la chica el 19 de febrero.

El vídeo muestra como Elisa Lam entra al ascensor y presiona todos los botones varias veces, enseguida se recarga en la pared como intentando ocultarse de algo; extrañamente el ascensor se atora y no cierra las puertas ni hace ningún movimiento; en un par de ocasiones Elisa se asoma al pasillo como para ver si su atacante se acerca. Se le ve muy asustada intentado escapar de algo que no es captado por la cámara.

De pronto la chica sale del ascensor y parece que habla con alguien, pero extrañamente no se ve con quien intercambia palabras; hace movimientos raros con sus manos; entra al ascensor nuevamente pero éste no funciona; al final Elisa decide salir al pasillo y seguir por su propio pie, extrañamente en cuanto se retira del lugar el ascensor cierra sus puertas y vuelve a funcionar. Elisa desaparece literalmente.

La policía buscó a Elisa Lam durante tres semanas, su fotografía apareció en televisión y en varios carteles colocados en las calles sin éxito alguno. El 19 de febrero, varios huéspedes del hotel empezaron a quejarse de la baja presión en el suministro de agua, además del extraño olor que despedía, por lo que la dirección del hotel envió a los empleados de mantenimiento a solucionar el inconveniente. Los depósitos de agua, de aproximadamente 2 metros de altura, se encuentran en la azotea del establecimiento; estando allí, al destapar uno de los contenedores hicieron un macabro hallazgo: el cadáver de Elisa en avanzado estado de descomposición flotaba en el agua.

Sin duda, una situación sumamente misteriosa, pues los directivos del Hotel Cecil han afirmado que para tener acceso a la azotea del edificio había que pasar por una puerta equipada con censor de seguridad que suena unicamente cuando ésta es abierta, y aquella noche no sonó ninguna alarma; Además, la pesada tapa del contenedor estaba cerrada, por lo que es imposible que Elisa se haya introducido ahí por voluntad propia y cerrara el contenedor desde adentro.

La autopsia realizada al cuerpo de Elisa arrojó que no presentaba signos de violencia, huellas de forcejeo o golpes de carácter accidental (al intentar escapar); el análisis toxicológico indicaba que no había consumido drogas, medicamentos o alcohol antes de su muerte. Finalmente, la causa oficial del deceso fue publicada como «muerte accidental por ahogamiento» al comprobarse que murió en el contenedor de agua; aún así, quedaron muchas interrogantes al aire, lo que convierte el caso en el más misterioso de los últimos años.

Como dato curioso cabe mencionar que en el Hotel Cecil se hospedaron asesinos seriales como Richard Ramírez o Jack Unterweger; ademas, llegó a ser patrocinado por Elizabeth Short, también conocida como La Dalia Negra, actriz que apareció descuartizada el 15 de enero de 1947, poco después de trabajar en la imagen del lugar.